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Chicken a la carte

Dirigido por Ferdinand Dimatura, y premiado en el festival de cine Green Unplugged, 'Chicken a la carte' (Pollo a la carta) da su visión acerca del hambre y la pobreza en este mundo globalizado. El cortometraje muestra a esa parte olvidada de la sociedad: las personas que viven en la basura. Muchos miles de personas mueren cada día debido al hambre y la malnutrición. Esta breve película muestra una parte olvidada de la sociedad. Las personas que viven para sobrevivir de lo que tiran los demás . Su inspiración ,es la esperanza y la espiritualidad que nunca les abandona.



Salu2
El Oso iBol


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Los heraldos negros.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!


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La cabellera

Hace muchos años yo pasaba por una etapa de hastió hacia la literatura de terror (parecía que nada era de calidad después de leer a Allan Poe, Henry James y Lovecraft: ellos me habían dejado ciego, además yo era muy ingenuo en la secundaria). Y entonces llego a mi "El Horla", de Guy de Maupassant.
Después seguí con Bola de Sebo, relato que le dio fama a su autor, y por último me hice de sus obras completas.


Así descubrí que había un mundo por conocer, un universo cruel, muy cruel, donde la hipocresía de la sociedad y las desventuras del destino eran los temas principales.

Tuvo a Flaubert (novela humana: Madame Bovary, muy recomendada) como maestro, y como dato interesante, Maupassant escribió en 10 años más de 300 escritos y después fue internado en el manicomio.

Algunos links:

El collar de perlas

¿Fue un sueño?

Blog dedicado a Guy de Maupassant

Mas Informacion de Maupassant



Me costo elegir que texto compartirles, "El collar de perlas", "¿Fue un sueño?" todos son geniales, pero creo que elegí un buen representante, espero que lo disfruten (para leerlo completo hacen click en el título de este post):



La cabellera


La celda tenía paredes desnudas, pintadas con cal. Una ventana estrecha y con rejas, horadada muy alto para que no se pudiera alcanzar, alumbraba el cuarto, claro y siniestro; y el loco, sentado en una silla de paja, nos miraba con una mirada fija, vacía y atormentada. Era muy delgado, con mejillas huecas, y el pelo casi cano que se adivinaba había encanecido en unos meses. Su ropa parecía demasiado ancha para sus miembros enjutos, su pecho encogido, su vientre hueco. Uno sentía que este hombre estaba destrozado, carcomido por su pensamiento, un Pensamiento, al igual que una fruta por un gusano. Su Locura, su idea estaba ahí, en esa cabeza, obstinada, hostigadora, devoradora. Se comía el cuerpo poco a poco. Ella, la Invisible, la Impalpable, la Inasequible, la Inmaterial Idea consumía la carne, bebía la sangre, apagaba la vida.

¡Qué misterio representaba este hombre aniquilado por un sueño! ¡Este Poseso daba pena, miedo y lástima! ¿Qué extraño, espantoso y mortal sueño vivía detrás de esa frente, que fruncía con profundas arrugas, siempre en movimiento?

El médico me dijo: —Tiene unos terribles arrebatos de furor; es uno de los dementes más peculiares que he visto. Padece locura erótica y macabra. Es una especie de necrófilo. Además, ha escrito un diario que nos muestra de la forma más clara la enfermedad de su espíritu y en el que, por así decirlo, su locura se hace palpable. Si le interesa, puede leer ese documento.

Seguí al doctor hasta su gabinete y me entregó el diario de aquel desgraciado.

—Léalo —dijo—, y deme su opinión.

He aquí lo que contenía el cuaderno:












Hasta los treinta y dos años viví tranquilo, sin amor. La vida me parecía sencillísima, generosa y fácil. Yo era rico. Me gustaban tantas cosas que no podía sentir pasión por ninguna en concreto. ¡Es estupendo vivir! Me despertaba feliz cada día, dispuesto a hacer las cosas que me gustaban, y me acostaba satisfecho, con la apacible esperanza de un mañana y un futuro sin preocupaciones.




Había tenido algunas amantes sin haber sentido nunca mi corazón enloquecido por el deseo o mi alma herida por el amor después de la posesión. Es estupendo vivir así. Es mejor amar, pero es terrible. Los que aman como todo el mundo deben experimentar una felicidad apasionada, aunque quizás menor que la mía, porque el amor vino a mí de una manera increíble.




Como era rico, buscaba muebles antiguos y objetos viejos; y a menudo pensaba en las manos desconocidas que habían palpado esas cosas, en los ojos que las habían admirado, en los corazones que las habían querido, ¡porque se quieren las cosas! A menudo permanecía durante horas y horas mirando un pequeño reloj del siglo pasado. Era una preciosidad, con su esmalte y su oro cincelado. Y seguía funcionando como el día en que lo compró una mujer, encantada de poseer esa fina joya. No había dejado de latir, de vivir su vida mecánica, y seguía siempre con su tictac regular, desde una época pasada.




¿Quién sería la primera en llevarlo sobre su pecho, entre los tejidos tibios, mientras el corazón del reloj latía junto a su corazón de mujer? ¿Qué mano lo habría tenido entre la punta de los dedos cálidos, mirándolo por ambas caras una y otra vez y limpiando luego los pastores de porcelana empañados un segundo por el trasudor de la piel? ¿Qué ojos habrían acechado en la esfera florida la hora esperada, la hora querida, la hora divina?




¡Cómo me habría gustado ver, conocer a aquella mujer que había elegido este objeto exquisito y raro! ¡Pero está muerta! ¡Estoy poseído por el deseo de las mujeres de antaño, amo, desde lejos, a todas aquellas que han amado! La historia de los cariños pasados me llena el corazón de pesar. ¡Oh, la belleza, las sonrisas, las jóvenes caricias, las esperanzas! ¿No debería ser eterno todo esto?




¡Cuánto he llorado, durante noches enteras, pensando en las pobres mujeres de otro tiempo, tan bellas, tan tiernas, tan dulces, cuyos brazos se abrieron para el beso, y ya muertas! ¡El beso es inmortal! ¡Va de boca en boca, de siglo en siglo, de edad en edad; los hombres lo recogen, lo dan y mueren!




El pasado me atrae, el presente me asusta porque el futuro es muerte. Lamento todo lo que se ha hecho, lloro por todos los que han vivido; quisiera detener el tiempo, detener la hora. Pero ella pasa, se va y me quita segundo tras segundo un poco de mí para la nada de mañana. Y no volveré a vivir nunca más.




Adiós, mujeres de ayer. Os amo.




Pero no tengo de qué quejarme. Encontré a aquélla a la que yo esperaba; y gracias a ella he disfrutado de placeres increíbles.




Una mañana soleada iba vagabundeando por París, con el alma alegre y el pie ligero, mirando las tiendas con un vago interés de paseante ocioso. De pronto, en una tienda de antigüedades vi un mueble italiano del siglo XVII. Era hermoso y muy raro. Se lo atribuí a un artista veneciano llamado Vitelli, muy famoso en su época.




Y seguí mi camino.




¿Por qué me persiguió el recuerdo de ese mueble con tanta fuerza, haciéndome volver atrás? Me detuve ante la tienda para verlo de nuevo y sentí que me tentaba.




La tentación es algo tan singular... Miramos un objeto y éste, poco a poco, nos seduce, nos turba, nos invade como lo haría un rostro de mujer. Su encanto entra en nosotros; extraño encanto que viene de su forma, de su color, de su fisonomía de cosa; y ya lo amamos, lo deseamos, lo queremos. Una necesidad de posesión nos invade, una necesidad débil al principio, como tímida, pero que crece, se hace violenta, irresistible.




Y los comerciantes parecen adivinar en la llama de la mirada ese deseo secreto y creciente.




Compré el mueble e hice que me lo llevaran inmediatamente a casa, poniéndolo en mi habitación.




¡Oh, cómo compadezco a quienes desconocen esa luna de miel entre el coleccionista y el objeto que acaba de comprar! Lo acaricia con la mirada y la mano como si fuera de carne; vuelve a su lado en cualquier momento, piensa siempre en él vaya donde vaya, haga lo que haga. Su recuerdo vivo le sigue en la calle, por el mundo, en todos los lados; y cuando vuelve a casa, antes incluso de quitarse los guantes y el sombrero, corre a contemplarlo con una ternura de amante.




Realmente, durante ocho días adoré ese mueble. Abría en todo momento sus puertas, sus cajones; lo tocaba extasiado, disfrutando de todos los placeres íntimos de la posesión.




Pero una tarde, mientras palpaba el espesor de un panel, me di cuenta de que debía de ocultar un escondite. Los latidos de mi corazón se aceleraron y me pasé la noche buscando el secreto sin llegar a descubrirlo.




Lo conseguí al día siguiente, al introducir la hoja de una navaja en una hendidura del entablado. Una plancha se deslizó y percibí, extendida sobre un fondo de terciopelo negro, una maravillosa cabellera de mujer.




Sí, una cabellera: una enorme trenza de cabellos rubios, casi pelirrojos, que debían de haber sido cortados junto a la piel y estaban atados por una cuerda de oro.




¡Me quedé estupefacto, aturdido, temblando! Un perfume casi insensible, tan antiguo que parecía ser el alma de un olor, se escapaba del misterioso cajón y de la sorprendente reliquia.




La cogí, despacio, casi religiosamente, y la saqué de su escondite. Entonces se liberó, derramándose en un torrente dorado que cayó hasta el suelo, espeso y ligero, ágil y brillante como la cola de fuego de un cometa.




Una extraña emoción se apoderó de mí. ¿Qué era aquello? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué habían ocultado esos cabellos en el mueble? ¿Qué aventura, qué drama escondía ese recuerdo?




¿Quién los había cortado? ¿Un amante en un día de despedida? ¿Un marido en un día de venganza? ¿O la que los había llevado en su frente en un día de desesperación?




¿Fue antes de entrar en un convento cuando se arrojó ahí esa fortuna de amor, como una prenda dejada al mundo de los vivos? ¿Fue en el momento de cerrar la tumba de la joven y hermosa muerta cuando quien la adoraba se había quedado el cabello que embellecía su cabeza, lo único que podía conservar de ella, la única parte viva de su carne que no podía pudrirse, la única que podía amar todavía y acariciar y besar en sus momentos de rabia y de dolor?




¿No resultaba extraño que esa cabellera hubiera permanecido incólume, cuando ya no quedaba ni un ápice del cuerpo del que había nacido?




Fluía entre mis dedos, me hacia cosquillas en la piel con una caricia singular, una caricia de muerta. Me sentía conmovido, como si fuera a llorar.




La conservé largo tiempo entre mis manos, y me pareció que se movía como si una parte de su alma se hubiera quedado escondida en ella. Entonces la volví a poner sobre el terciopelo deslustrado por el tiempo, cerré el cajón y el mueble y me fui a recorrer las calles para soñar.




Caminaba siempre de frente, preso de tristeza, y también de desconcierto, de ese desconcierto que se nos queda en el corazón tras un beso de amor. Me parecía que ya había vivido antaño, que debía de haber conocido a aquella mujer




Y los versos de Villon subieron a mis labios como lo haría un sollozo




Decidme dónde, en qué país está Flora, la bella romana




Archipiade y Taís que fue su prima hermana.




Eco, voz que lleva la fama




bajo río o bajo estanque ; cuya belleza fue más que humana.




Mas, ¿dónde están las nieves de antaño ?












La reina Blanca como un lis




que cantaba con voz de sirena,




Berta la del gran pie, Beatriz, Alix




y Haremburgis, que obtuvo el Maine,




y Juana, la buena Lorena




que los ingleses quemaran en Ruán...




¿Dónde están, Virgen soberana?




Mas ¿dónde están las nieves de antaño!




Cuando regresé a casa, sentí un deseo irresistible de volver a ver mi extraño hallazgo; y lo cogí de nuevo, y sentí, al tocarlo, un largo escalofrío que me recorría el cuerpo.




Durante unos días, sin embargo, permanecí en mi estado habitual, aunque ya no me abandonaba el vivo recuerdo de aquella cabellera.




En cuanto volvía a casa, necesitaba verla y tocarla. Daba la vuelta a la llave del armario con ese estremecimiento que tenemos al abrir la puerta de nuestra amada, ya que sentía en las manos y en el corazón una necesidad confusa, singular, continua, sensual de bañar mis dedos en aquel arroyo encantador de cabellos muertos.




Luego, cuando había acabado de acariciarla, cuando había cerrado de nuevo el mueble, seguía sintiéndola allí como si fuera un ser viviente, escondido, prisionero; y la sentía y la deseaba otra vez; tenía de nuevo la necesidad imperiosa de volver a tocarla, de palparla, de excitarme hasta el malestar con aquel contacto frío, escurridizo, irritante, enloquecedor, delicioso.




Viví así un mes o dos, ya no lo sé. Ella me obsesionaba, me atormentaba. Estaba feliz y torturado, como en una espera de amor, como después de las confesiones que preceden al abrazo.




Me encerraba a solas con ella para sentirla sobre mi piel, para hundir mis labios en ella, para besarla, morderla. La enroscaba alrededor de mi rostro, la bebía, ahogaba mis ojos en su onda dorada, con el fin de ver el día rubio a través de ella.




¡La amaba! Sí, la amaba. Ya no podía pasar sin ella, ni estar una hora sin volver a verla.




Y esperaba... esperaba... ¿qué? No lo sabía. La esperaba a ella.




Una noche me desperté bruscamente con el pensamiento de que no me encontraba solo en mi habitación.




Sin embargo, estaba solo. Pero no pude volver a dormirme; y como me agitaba en una fiebre de insomnio, me levanté para ir a tocar la cabellera. Me pareció más suave que de costumbre, más animada. ¿Regresan los muertos? Los besos con los que la excitaba me hacían desfallecer de felicidad; y me la llevé a mi cama, y me acosté, oprimiéndola contra mis labios, como una amante a la que se va a poseer.




¡Los muertos regresan! Ella vino. Sí, la he visto, la he tenido entre mis brazos, la he poseído, tal como era cuando estaba viva antaño, alta, rubia, exuberante, los senos fríos, la cadera en forma de lira; y he recorrido con mis caricias esa línea ondeante y divina que va desde la garganta hasta los pies siguiendo todas las curvas de la carne.




Sí, la he tenido, todos los días y todas las noches. Ha vuelto, la Muerta, la bella Muerta, la Adorable, la Misteriosa, la Desconocida, todas las noches.




Mi felicidad fue tan grande que no pude esconderla. Junto a ella experimentaba un arrobamiento sobrehumano, ¡la alegría profunda, inexplicable de poseer lo Inasequible, lo Invisible, la Muerta! ¡Ningún amante ha disfrutado nunca de gozos más ardientes, más terribles!




No supe esconder mi felicidad. La amaba tanto que ya no quería estar sin ella. La llevaba conmigo, siempre, a todas partes. La paseaba por la ciudad como si fuera mi esposa, y la llevaba al teatro en palcos con rejas, como si fuera mi amante... Pero la vieron... adivinaron... me la quitaron... Y me han metido en la cárcel, como un malhechor. Me la quitaron... ¡Oh! ¡Miseria!...«




El manuscrito se detenía ahí. Y de pronto, mientras dirigía una mirada despavorida hacia el médico, un grito espantoso, un aullido de furor impotente y de deseo exasperado se alzó en el manicomio.




—Escúchelo —dijo el doctor—. Hay que duchar cinco veces al día a ese loco obsceno. El sargento Bertrand no fue el único en amar a las muertas.




Balbuceé, emocionado de asombro, horror y piedad: —Pero... esa cabellera... ¿existe realmente?




El médico se levantó, abrió un armario lleno de frascos y de instrumentos y me lanzó, de una punta a otra de su gabinete, una larga centella de cabellos rubios que voló hacia mí como un pájaro de oro.




Me estremecí al sentir entre mis manos su tacto acariciador y ligero. Y me quedé con el corazón latiendo de repugnancia y de deseo, de repugnancia como al contacto de los objetos arrastrados en crímenes, de deseo como ante la tentación de algo infame y misterioso.


El médico prosiguió encogiéndose de hombros:

-La mente del hombre es capaz de cualquier cosa.

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Baii


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Los Gatos de Louis Wain


Louis Wain (1860-1939) fue un dibujante inglés que padeció esquizofrenia y que durante su trayectoria artística dibujó gatos, cientos de gatos. Gatos antropomórficos jugando al tenis, cocinando, tomando el té, patinando… Vestidos siguiendo al detalle la moda de la época y con expresiones faciales muy exageradas.


Gatos de colores imposibles, gatos recorridos por una extraña electricidad estática que envuelve su silueta como un aura cambiante. Gatos con ojos como platillos volantes, desenfrenados, surgiendo de fondos de follaje intrincado en el que a veces se integran.


De niño fue un pequeñuelo enfermizo, único chico entre seis hermanas. Su perenne enfermedad le hacía caer constantemente en ensueños con pesadillas recurrentes y era excluido de mezclarse con los demás niños por consejo médico. Las pocas ocasiones en que se encontraba bien para ir al colegio no iba a clase y se dedicaba a vagabundear solo por las calles de Londres.

Wain estudió en la Escuela de Arte de la zona Oeste de la ciudad y trabajó primero como profesor y posteriormente como artista autónomo, dibujando animales y escenas campestres para revistas como Illustrated Sporting and Dramatic News y Illustrated London News.


Pero su pasión por los pequeños felinos surge a raíz de la enfermedad de su mujer Emily con la que tuvo un breve matrimonio (apenas tres años) al morir ella de cáncer. Para entretenerla mientras estaba en cama, Louis enseñó a su gato Peter a llevar gafas y fingir que leía y otros trucos, mientras él tomaba bocetos del animal. Peter fue el que le inspiró en sus primeros trabajos sobre gatos, que en un principio eran más homogéneos, gatos de expresión similar, sin ropa, etc.Sus diseños pronto tuvieron muchísimo éxito, sus gatitos se extendían por las paredes de los dormitorios, de las escuelas y adornaban incontables postales, libros y revistas. La ubicuidad del gato de Wain llevó a H.G. Wells a decir que: “Los gatos ingleses que no se parecen a los de Louis Wain se avergüenzan de sí mismos”.

Pero aunque sus ilustraciones eran muy populares, (el Anuario de Louis Wain era todo un best seller), él malvivía de los escasos ingresos que le proporcionaban sus obras que vendía a bajo precio y de las que no controlaba los derechos de reproducción. En 1924 fue diagnosticado como esquizofrénico violento y enviado a una sala para pobres de un asilo del Sur de Londres.

Wain estaba en un estado en que confundía ficción y realidad. De carácter habitualmente reservado llegó al punto de sufrir paranoias, sobretodo en su entorno familiar y creía que sus hermanas se confabulaban para mermar su estado de salud. Por ejemplo pensaba que el parpadeo de las pantallas de cine había robado la electricidad de sus cerebros.
Aquí encontrarán un estudio psicológico a partir de algunos de sus dibujos que trata de mostrar la evolución de la enfermedad con el paso de los años.



Figura 1
Figura 2

Figura 3




Figura 4
Figura 5

Como observamos las siluetas felinas se fueron convirtiendo en líneas brillantes, cortas y puntiagudas que emanan hacia al exterior, como si tratara de arrojar la energía hacia fuera. En la figura 4, la imagen está conformada por pequeñas formas repetitivas que se reúnen, recordándonos en cierto modo a una deidad oriental. Ya en la figura 5 se repiten pequeños patrones que semejan fractales. Llegando por último a una abstracción completa e ininteligible.

Nuestro querido Wain acabó sus días en el hospital de Napsbury en Hertfordshire, gracias a figuras como H.G. Wells o el Primer Ministro que reclamaron su triste estado al gobierno. Rodeado de jardines y de una colonia de gatos pasó sus últimos días en paz y dibujando por placer. Gatos de otro planeta, enjoyados de rosa, silenciosamente incandescentes. Gatos de amplia sonrisa, extraños y gozosos. Los sublimes dioses familiares de un lugar al que su creador llamaba Catland.

Salu2
El Oso iBol


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Blu - Graffiti Animado cuadro por cuadro.



Este espectacular “mural animado” fue realizado por Blu de blublu.org. La música es de Andrea Martignoni y la producción de Mercurio Film.

Muto es un corto de 5 minutos de una originalidad que sorprende a todos. Cuesta imaginar cómo se hizo, como se planificó la realización y cuántas decisiones improvisadas tuvieron que incluir sus creadores.

Blu es un artista urbano de italia que viaja por el mundo grafiteando edificios y haciendo animaciones. Esto es una muestra de su trabajo.

blog de blu

Canal de YouTube de Blu (NotBlu)


Bicocca






Eindhoven


Lambrate


Linares




Wroclaw





Espero les haya gustado el arte de este espectacular graffitero que conocí gracias a un amigo.

Salu2
El Oso iBol


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Coraline (2009)


Basada en el superventas internacional de Neil Gaiman y dirigida por Henry Selick, el realizador de "Pesadilla antes de Navidad (El Extraño Mundo de Jack)", "Coraline" es la primera película de animación stop-motion rodada en 3-D y alta definición. Cuenta la historia de una joven (con la voz de Dakota Fanning) que abre una puerta secreta en su nueva casa y descubre una segunda versión de su vida. A primera vista, la realidad paralela es curiosamente parecida a su vida de verdad, aunque mucho mejor. Pero cuando su increíble y maravillosa aventura empieza a tomar un cariz peligroso y su otra madre (la voz de Teri Hatcher) intenta mantenerla a su lado para siempre, Coraline deberá recurrir a su determinación y coraje, a la ayuda de los vecinos y a un gato negro con el don del habla para salvar a sus auténticos padres, a unos niños fantasmas y regresar a casa.

Descarga cortesía de Solo Descargas Directas


Genero: Animación.
Duración: 01h-38min aprox
Idioma: Inglés con subtitulos en español incorporados.
Tamaño: 396 MB aprox
Formato: RMVB
Hosting: MG-RS-HF
Link en Total: 2
Contraseña: http://sdd-fanatico.blogspot.com/
Calidad de imagen: Muy Buena.
Trailer: Revision Obligatoria

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Para reproducir:Descargar Real Alternative
Para convertir a AVI-VCD-DVD: Descargar Winavi+Serial
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Rapidshare [01/02]-[02/02]-SFV
Megaupload [01/02]-[02/02]-SFV
Hotfile [01/02]-[02/02]-SFV


Salu2
El Oso iBol


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Spooky Arts Cumple 1 año

A nombre del Staff de Spooky Arts, quiero agradecer a todos los Zombies que nos han visitado, comentado, aportado, y unido en el transcurso del blog.

Esperamos cumplir muchos años más de oscuridad, arte macabro, música y buena compañía.

...y a ver si el próximo año organizamos una fiesta! :-P


Salu2
El Oso iBol


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Aullidos


Pasan los días y los años, corre la vida

y uno no sabe por qué vive...

Pasan los días y los años, llega la muerte

y uno no sabe por qué muere

Y un día el hombre se pone a llorar si más ni más

sin saber por qué llora

por quién llora...

y qué significa una lágrima.

Luego, cuando otro día uno se va para siempre,

sin que nadie lo sepa tampoco

si saber quién es

ni a qué ha venido aquí...

piensa que tal vez vino sólo a llorar

y aullar como un perro...











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