Bien, les había prometido publicar una de mis historias, ya la revisé y pues me enorgullece decir que con ésta gané un concurso en mi estado, (aún ignoro cómo porque la gente no premia mi género, sea cual sea, pero bueno...) Espero que les guste, que no los fastidie y por favor sean honestos en sus comentarios y críticas.
Un beso a todos.
Mi ausencia por dramas familiares dignos de novela.
Eyra Wong
Ahora que lo veo sentado de esa forma rercuerdo algo que me pasó aquí, en este mismo autobús, se que es el mismo porque recuerdo cada detalle de las cosas, además, esa estampa de la vírgen adornada con lentejuelas está en la misma posición de siempre.
Su nariz casi tocaba la amarillenta página de su libro. Aquella figura encorvada con el cabello en la cara y los lentes gruesos resbalando le dio otro giro a mi día.
Empujé a un hombre que intercambiaba canciones por dinero y me senté al lado de ella. No notó mi presencia. Supuse que el tal Stoker debía ser tan interesante como para atrapar la atención por completo de ese Escarabajo; la impresión que tuve desde que la vi; me recordó los escarabajos que salen en las películas de Egipto, esos que se meten entre tu piel y te carcomen por dentro. Acomodé un poco mi cabello, el día lluvioso lo había terminado de despeinar. Ella se arrinconó aún más a la ventana y acomodó la enorme chamarra que la cubría.
De pronto, la inerte figura empezó a moverse discretamente, pude ver 'La Madriguera del Gusano Blanco' bailar por el espacio frente al escarabajo, no comprendía qué estaba pasando, pero después lo noté: una gotera en el autobús. ¡Y ni siquiera con la gotera sobre ella, quitaba su rostro del libro! Empecé a odiar al para mí desconocido Bram Stoker. Era gracioso verla evitar la gota constante. Se movía a la izquierda y pegaba el libro al cristal, después lo levantaba a la altura de su frente, la gota también se divertía con ella, siempre caía en un lugar diferente. La gota ganó y ella guardó el libro en una bolsa de su chamarra.
Me preguntaba qué haría ahora, ya no podría esconderse del mundo dentro de las páginas. Fue cuando vi su rostro. Era triste verla. Tenía el cabello alborotado enmarcando una cara delgada, con varios lunares cerca de sus ojos, parecían pecas, pero eran lunares. No era bonita. Su mirada estaba perdida en las calles, miraba a la gente, pero de una forma bastante extraña.
Mi terminal había pasado unas cuadras atrás, no me importaba. El pequeño Escarabajo me tenía en sus antenas, ¿o son tenazas? No importa, el punto es que me tenía atrapado, estaba escarbando en mi piel y corría peligro de que se metiera profundo.
Empezó como un bicho que era, a escarbar dentro de su bolso; sacó un celular rojo con teclas negras, después un grupo de cables enredados entre sí, salieron lápices, un botón de The Doors con el que se pinchó un dedo, dedo que instintivamente llevó a la boca para succionar la sangre, bien, tal vez solo para evitar el dolor. Junto a los objetos que venían enredados en los audífonos, se le cayó un paquetito de plástico rosa. ¡Era mi oportunidad! Me agaché lo más rápido que pude y tomé la bolsita un poco mojada por el agua de la gotera; fue muy tarde cuando me percaté de lo que contenía esa bolsita rosa; y de lo embarazoso de la situación. El Escarabajo encogió los hombros y su rostro se manchó de un pálido color rojo. Le sonreí. Su boca se movió ligeramente y metió el objeto en un pliegue de la bolsa. Murmuró algo, supongo que 'gracias'.
Me recargué de nuevo en el asiento, sería imposible hablar con ella, era demasiado callada. Su especie no habla, los escarabajos solo comen la piel de los faraones, como un castigo divino. ¡Sí! Eso era ella, un castigo divino, probablemente un Dios estaba molesto conmigo; creo que yo no era exactamente la criatura más noble de la tierra, era bastante caótico en mi existir, pero eso no importaba. Ese Escarabajo era mi castigo.
Minutos más tarde cobró vida, se quitó los audífonos y enredados los metió a la bolsa que casi no se podía cerrar y empezó a revolverse en el asiento. Me lo imaginaba, ya iba a bajarse. ¡No podía permitirlo, la iba a perder para siempre!
Hizo una seña con su mano para indicarme que me quitara porque debía bajar, estaba titubeando, pero al fin lo hice. Pensé en bajarme, pero sabía que no podía seguirla. Me quedé sentado viendo cómo el Escarabajo oculto tras la enorme chamarra caminaba bamboleantemente por el pasillo del autobús. Bajó sin mirar atrás. Entró en una calle sucia y giró de inmediato. La había perdido.
Al día siguiente dejé que varios autobuses pasaran antes de subirme, quería que mi reloj marcara la hora exacta en la que el día anterior había abordado. Así lo hice. Busqué con la mirada en cada asiento, pero ella no estaba. El bicho quizás estaba en su madriguera; ¡como aquella novela del gusano de Stoker!
Pasaron varias semanas y el bicho no apareció. La necesitaba. Me estaba carcomiendo un brazo entero ya.
En esos días había visitado la biblioteca local y conseguí todos los ejemplares que tenían del irlandés; los leí completos, navegué en un barco con un vampiro dentro, compré varias mangostas y fuí asechado por ratas... pero no encontré pistas que me ayudaran a ver nuevamente al Escarabajo.
Pero claro, en un pueblo pequeño como el mío, todos se vuelven a encontrar.
Era martes, no importa, ya lo sé, pero me gusta recordarlo. Estaba cayendo una fina lluvia y después de unos segundos un montón de hielos, corrí para alcanzar el autobús. Entré y pagué al chofer, me di cuenta que me faltaban dos monedas para completar. Suspiré. De pronto, una pálida y huesuda mano dejó caer el par de monedas en la regordeta y peluda del chofer, éste sin inmutarse me dió el boleto y me obligó a caminar.
No hace falta mencionar que era ella, el Escarabajo, quien había pagado mi pasaje. Regresó a su asiento y me miró suplicante. Me senté a su lado. Ésta vez era yo quien sostenía un libro de Stoker, ahora que lo recuerdo quizá por eso capté su atención ¡maldito Stoker!
Miraba fijamente sus rodillas, o ¿debo decir sus patas? No importa. No quería verme a los ojos. Me sentí de pronto con el derecho de analizarla, así que la miré detalladamente, su cabello seguía alborotado, su boca pequeña y entreabierta dejó al descubierto unos pequeñísimos dientes blancos. Tenía lunares por todo su cuello, pero la chamarra le tapaba parte de él. Era muy delgada y baja de estatura. Me tomó la mano y no la soltó hasta que debió bajarse. Obviamente bajé con ella.
Entramos a una casa pequeña, parecía deshabitada, todo estaba cubierto por una fina capa de polvo y los objetos más usuales se veían como nuevos. Cerró la puerta cuidadosamente y tapó bien las ventanas; cuando verificó todo, se quedó frente a mí y se quitó la enorme chamarra. Llevaba puesta una camisa vieja y rota, pero eso no era lo importante. Sus brazos y cuello, estaban cubiertos por una fina capa de vellos, no estoy seguro, pero eso parecía, no me malinterprete, no eran los mismos vellos que el chofer tenía en sus manos, sino algo diferente, gruesos y brillantes, que parecían moverse por voluntad propia. Me asombré menos de lo que esperaba. Inesperadamente se hincó frente a mí, jaló mi pantalón indicandome que la imitara. Lo hice, claro está. Cruzamos la sala gateando, cabe aclarar que ella lo hacía mucho más natural que yo. Llegamos a un punto en el centro de la casa y ella empezó a oler el suelo, la madera estaba roída, había mordidas y arañones. Ella entró con facilidad. Yo la seguí, resbalando en varias ocasiones.
Es cierto que había un foco con una larga extensión, pero también es verdad que ese foco tenía miles de bichos a su alrededor, por lo tanto la luz era mínima. Estando dentro me enseñó una curiosa colección de objetos. Eran chucherías de las que encuentras en la calle. Pedazos de ropa, celulares rotos, espejos, trozos de vidrio, recuerdo haber visto una lámpara de mano casi en perfecto estado.
De otro lado de la cueva, el Escarabajo permanecía sentado mordisqueando algo, me acerqué con tranquilidad, ella me había demostrado que no era agresiva, solo un poco rara. Extendí mi mano para que me invitara su comida, sus vidriosos ojos recorrieron el lugar varias veces y se escuchó un sonido que no he podido olvidar aún.
Me tapé los oídos mientras mis sentidos empezaron a alertarme, algo sucedía. Millones de bichos empezaron a salir de los rincones. Había cucarachas de todas formas, de las voladoras y de las que no gustan del aire; también aparecieron arañas patonas, gordas, con grandes pinzas en la cabeza, con colores brillantes y opacos; los gusanos venían también pero más lentos claro está. Abejas salieron y me rodearon, sin embargo, ninguno de los bichos me atacó. Esperaban su orden. No, no es verdad, eso sería estúpido e infantil; creo que estaban analizándome.
Después de unos instantes, los bichos retrocedieron, regresaron sobre su huella de baba transparente o se colgaron en sus redes, creo que una cucaracha revisó mi oído completo porque salió de él un poco cansada.
Fue entonces que me compartió su comida. Era un trozo de carne, se veía jugoso y fresco, como recién cortado. No era vaca ni cerdo, quizá era borrego, nunca había comido borrego. Empecé a masticar fascinado por las gotitas de sangre que rodaban por mis dedos, cuando de pronto mastiqué algo duro, con delicadeza y discreción lo saqué de mi boca. Era un arete, sí, un arete de los que usan en el ombligo algunas personas.
Claro, soy un humano, aún, así que me alteré y trepé por el agujero como si el diablo mismo estuviera persiguiendome. Llegué a mi casa y me encerré varios días. Pero al cabo de un tiempo la empecé a extrañar. Fuí a buscarla. Abrió la puerta emocionada, sus dientes se incrustaron en mi hombro, pero rápidamente se controló y agachando la cabeza se disculpó. Pasé y cuidadosamente bajé por el agujero, ahora lo hago en un santiamén; no estaba seguro qué era el Escarabajo, si un humano mutando a otra cosa o un bicho con volviéndose humano, sin embargo me sentía agusto a su lado. Me ofreció varias veces comida antes que aceptara de nuevo, después lo vi como una extravagancia culinaria y nada más.
Hace cuatro años de tales sucesos. Sigo bajando el pozo cada vez que quiero, los demás insectos, quise decir, los insectos me miran y conviven conmigo, mientras que mi Escarabajo ya ha aprendido a besarme sin provocarme heridas, ahora podré enseñarle otras cosas.
Por cierto, éste es el lugar en el que solía viajar el Escarabajo a mi lado cuando íbamos a buscar la cena. ¡Pero no se me ponga pálido hombre! Ya cenamos hoy, pero mañana vendrán sus padres a conocerme y pues… usted entiende, tenemos que ser buenos anfitriones. Ahora despídase de su hijita y camine por favor.
¡Bajan!
Un beso a todos.
Mi ausencia por dramas familiares dignos de novela.
Eyra Wong
El Gusano de Stoker
Eyra Wong
Eyra Wong
Ahora que lo veo sentado de esa forma rercuerdo algo que me pasó aquí, en este mismo autobús, se que es el mismo porque recuerdo cada detalle de las cosas, además, esa estampa de la vírgen adornada con lentejuelas está en la misma posición de siempre.
Su nariz casi tocaba la amarillenta página de su libro. Aquella figura encorvada con el cabello en la cara y los lentes gruesos resbalando le dio otro giro a mi día.
Empujé a un hombre que intercambiaba canciones por dinero y me senté al lado de ella. No notó mi presencia. Supuse que el tal Stoker debía ser tan interesante como para atrapar la atención por completo de ese Escarabajo; la impresión que tuve desde que la vi; me recordó los escarabajos que salen en las películas de Egipto, esos que se meten entre tu piel y te carcomen por dentro. Acomodé un poco mi cabello, el día lluvioso lo había terminado de despeinar. Ella se arrinconó aún más a la ventana y acomodó la enorme chamarra que la cubría.
De pronto, la inerte figura empezó a moverse discretamente, pude ver 'La Madriguera del Gusano Blanco' bailar por el espacio frente al escarabajo, no comprendía qué estaba pasando, pero después lo noté: una gotera en el autobús. ¡Y ni siquiera con la gotera sobre ella, quitaba su rostro del libro! Empecé a odiar al para mí desconocido Bram Stoker. Era gracioso verla evitar la gota constante. Se movía a la izquierda y pegaba el libro al cristal, después lo levantaba a la altura de su frente, la gota también se divertía con ella, siempre caía en un lugar diferente. La gota ganó y ella guardó el libro en una bolsa de su chamarra.
Me preguntaba qué haría ahora, ya no podría esconderse del mundo dentro de las páginas. Fue cuando vi su rostro. Era triste verla. Tenía el cabello alborotado enmarcando una cara delgada, con varios lunares cerca de sus ojos, parecían pecas, pero eran lunares. No era bonita. Su mirada estaba perdida en las calles, miraba a la gente, pero de una forma bastante extraña.
Mi terminal había pasado unas cuadras atrás, no me importaba. El pequeño Escarabajo me tenía en sus antenas, ¿o son tenazas? No importa, el punto es que me tenía atrapado, estaba escarbando en mi piel y corría peligro de que se metiera profundo.
Empezó como un bicho que era, a escarbar dentro de su bolso; sacó un celular rojo con teclas negras, después un grupo de cables enredados entre sí, salieron lápices, un botón de The Doors con el que se pinchó un dedo, dedo que instintivamente llevó a la boca para succionar la sangre, bien, tal vez solo para evitar el dolor. Junto a los objetos que venían enredados en los audífonos, se le cayó un paquetito de plástico rosa. ¡Era mi oportunidad! Me agaché lo más rápido que pude y tomé la bolsita un poco mojada por el agua de la gotera; fue muy tarde cuando me percaté de lo que contenía esa bolsita rosa; y de lo embarazoso de la situación. El Escarabajo encogió los hombros y su rostro se manchó de un pálido color rojo. Le sonreí. Su boca se movió ligeramente y metió el objeto en un pliegue de la bolsa. Murmuró algo, supongo que 'gracias'.
Me recargué de nuevo en el asiento, sería imposible hablar con ella, era demasiado callada. Su especie no habla, los escarabajos solo comen la piel de los faraones, como un castigo divino. ¡Sí! Eso era ella, un castigo divino, probablemente un Dios estaba molesto conmigo; creo que yo no era exactamente la criatura más noble de la tierra, era bastante caótico en mi existir, pero eso no importaba. Ese Escarabajo era mi castigo.
Minutos más tarde cobró vida, se quitó los audífonos y enredados los metió a la bolsa que casi no se podía cerrar y empezó a revolverse en el asiento. Me lo imaginaba, ya iba a bajarse. ¡No podía permitirlo, la iba a perder para siempre!
Hizo una seña con su mano para indicarme que me quitara porque debía bajar, estaba titubeando, pero al fin lo hice. Pensé en bajarme, pero sabía que no podía seguirla. Me quedé sentado viendo cómo el Escarabajo oculto tras la enorme chamarra caminaba bamboleantemente por el pasillo del autobús. Bajó sin mirar atrás. Entró en una calle sucia y giró de inmediato. La había perdido.
Al día siguiente dejé que varios autobuses pasaran antes de subirme, quería que mi reloj marcara la hora exacta en la que el día anterior había abordado. Así lo hice. Busqué con la mirada en cada asiento, pero ella no estaba. El bicho quizás estaba en su madriguera; ¡como aquella novela del gusano de Stoker!
Pasaron varias semanas y el bicho no apareció. La necesitaba. Me estaba carcomiendo un brazo entero ya.
En esos días había visitado la biblioteca local y conseguí todos los ejemplares que tenían del irlandés; los leí completos, navegué en un barco con un vampiro dentro, compré varias mangostas y fuí asechado por ratas... pero no encontré pistas que me ayudaran a ver nuevamente al Escarabajo.
Pero claro, en un pueblo pequeño como el mío, todos se vuelven a encontrar.
Era martes, no importa, ya lo sé, pero me gusta recordarlo. Estaba cayendo una fina lluvia y después de unos segundos un montón de hielos, corrí para alcanzar el autobús. Entré y pagué al chofer, me di cuenta que me faltaban dos monedas para completar. Suspiré. De pronto, una pálida y huesuda mano dejó caer el par de monedas en la regordeta y peluda del chofer, éste sin inmutarse me dió el boleto y me obligó a caminar.
No hace falta mencionar que era ella, el Escarabajo, quien había pagado mi pasaje. Regresó a su asiento y me miró suplicante. Me senté a su lado. Ésta vez era yo quien sostenía un libro de Stoker, ahora que lo recuerdo quizá por eso capté su atención ¡maldito Stoker!
Miraba fijamente sus rodillas, o ¿debo decir sus patas? No importa. No quería verme a los ojos. Me sentí de pronto con el derecho de analizarla, así que la miré detalladamente, su cabello seguía alborotado, su boca pequeña y entreabierta dejó al descubierto unos pequeñísimos dientes blancos. Tenía lunares por todo su cuello, pero la chamarra le tapaba parte de él. Era muy delgada y baja de estatura. Me tomó la mano y no la soltó hasta que debió bajarse. Obviamente bajé con ella.
Entramos a una casa pequeña, parecía deshabitada, todo estaba cubierto por una fina capa de polvo y los objetos más usuales se veían como nuevos. Cerró la puerta cuidadosamente y tapó bien las ventanas; cuando verificó todo, se quedó frente a mí y se quitó la enorme chamarra. Llevaba puesta una camisa vieja y rota, pero eso no era lo importante. Sus brazos y cuello, estaban cubiertos por una fina capa de vellos, no estoy seguro, pero eso parecía, no me malinterprete, no eran los mismos vellos que el chofer tenía en sus manos, sino algo diferente, gruesos y brillantes, que parecían moverse por voluntad propia. Me asombré menos de lo que esperaba. Inesperadamente se hincó frente a mí, jaló mi pantalón indicandome que la imitara. Lo hice, claro está. Cruzamos la sala gateando, cabe aclarar que ella lo hacía mucho más natural que yo. Llegamos a un punto en el centro de la casa y ella empezó a oler el suelo, la madera estaba roída, había mordidas y arañones. Ella entró con facilidad. Yo la seguí, resbalando en varias ocasiones.
Es cierto que había un foco con una larga extensión, pero también es verdad que ese foco tenía miles de bichos a su alrededor, por lo tanto la luz era mínima. Estando dentro me enseñó una curiosa colección de objetos. Eran chucherías de las que encuentras en la calle. Pedazos de ropa, celulares rotos, espejos, trozos de vidrio, recuerdo haber visto una lámpara de mano casi en perfecto estado.
De otro lado de la cueva, el Escarabajo permanecía sentado mordisqueando algo, me acerqué con tranquilidad, ella me había demostrado que no era agresiva, solo un poco rara. Extendí mi mano para que me invitara su comida, sus vidriosos ojos recorrieron el lugar varias veces y se escuchó un sonido que no he podido olvidar aún.
Me tapé los oídos mientras mis sentidos empezaron a alertarme, algo sucedía. Millones de bichos empezaron a salir de los rincones. Había cucarachas de todas formas, de las voladoras y de las que no gustan del aire; también aparecieron arañas patonas, gordas, con grandes pinzas en la cabeza, con colores brillantes y opacos; los gusanos venían también pero más lentos claro está. Abejas salieron y me rodearon, sin embargo, ninguno de los bichos me atacó. Esperaban su orden. No, no es verdad, eso sería estúpido e infantil; creo que estaban analizándome.
Después de unos instantes, los bichos retrocedieron, regresaron sobre su huella de baba transparente o se colgaron en sus redes, creo que una cucaracha revisó mi oído completo porque salió de él un poco cansada.
Fue entonces que me compartió su comida. Era un trozo de carne, se veía jugoso y fresco, como recién cortado. No era vaca ni cerdo, quizá era borrego, nunca había comido borrego. Empecé a masticar fascinado por las gotitas de sangre que rodaban por mis dedos, cuando de pronto mastiqué algo duro, con delicadeza y discreción lo saqué de mi boca. Era un arete, sí, un arete de los que usan en el ombligo algunas personas.
Claro, soy un humano, aún, así que me alteré y trepé por el agujero como si el diablo mismo estuviera persiguiendome. Llegué a mi casa y me encerré varios días. Pero al cabo de un tiempo la empecé a extrañar. Fuí a buscarla. Abrió la puerta emocionada, sus dientes se incrustaron en mi hombro, pero rápidamente se controló y agachando la cabeza se disculpó. Pasé y cuidadosamente bajé por el agujero, ahora lo hago en un santiamén; no estaba seguro qué era el Escarabajo, si un humano mutando a otra cosa o un bicho con volviéndose humano, sin embargo me sentía agusto a su lado. Me ofreció varias veces comida antes que aceptara de nuevo, después lo vi como una extravagancia culinaria y nada más.
Hace cuatro años de tales sucesos. Sigo bajando el pozo cada vez que quiero, los demás insectos, quise decir, los insectos me miran y conviven conmigo, mientras que mi Escarabajo ya ha aprendido a besarme sin provocarme heridas, ahora podré enseñarle otras cosas.
Por cierto, éste es el lugar en el que solía viajar el Escarabajo a mi lado cuando íbamos a buscar la cena. ¡Pero no se me ponga pálido hombre! Ya cenamos hoy, pero mañana vendrán sus padres a conocerme y pues… usted entiende, tenemos que ser buenos anfitriones. Ahora despídase de su hijita y camine por favor.
¡Bajan!









9 comentarios:
Hola, muchas gracias por compartirnos tu escrito ^^.
Vas por buen camino.
saludos.
este es uno de tus mejores trabajos , creo yo ;)
Wow...que historia! maravillosa, como no enorgullecerte de este escrito.
pense que nadie lo habìa leìdo por tener solo letras y ninguna imagen xD
gracias por sus comentarios, pues... he trabajado mucho en el relato y aun hay cosas que quitaría o modificaría, pero pues... sí me encanta, porque es un 'homenaje' a mi adorado Stoker.
"Wow...que historia! maravillosa, como no enorgullecerte de este escrito."
No solo bastarian esas palabras, para poder explicar que sientes en el momento en el que lees, en donde fue mente mientras leia esas palabras.Las historias emocionantes,no necesitan de imagenes.Las palabras actuan solas proyectandolas.
No por nada ganó un premio estatal por ese cuento. Es una historia genial que aunque no lo quieras termina envolviendote aún tratandose adolescentes, cosa de la cual estamos rodeados hacia donde uno voltee. Sigue asi amor ;)
kbb
por cierto ojala se mejore todo con la familia.
suerte y gracias por compartirnos tu obra
Interesante y emocionante relato con matices de ficción , realidad , figuras de insectos mezclándose con humano ... la felicito Misma mujer por compartir este trabajo y felicitaciones por el premio . Las imágenes salen al encuentro del lector y atrapa hasta el final .
Un saludo desde Japón
Un abrazo apretadito a tod@s
Rosna
Gracias.
Me emociona ver que les gustó el relato.
Ahora me he puesto a trabajar en cuentos cortos, cuando tenga bien dominado este tipo de relato, podré ser ambiciosa y buscar algo más grande.
Gracias.
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