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Apocalipsis

Espero no se mal interprete este post.

La riqueza literaria de la Biblia es una razón suficiente para que aquellos no creyentes (como lo es su servidor) dediquen tiempo a leer y admirar este escrito.

El Cantar de los cantares es poesía pura, pero el fragmento que les comparto pertenece al libro del Apocalipsis, el cual recomiendo leer completo.

Espero lo disfruten:

Los sellos
1 Vi cuando el Cordero rompió el primero de los siete sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes, que gritaba con voz de trueno: «¡Ven!» Miré, ¡y apareció un caballo blanco! El jinete llevaba un arco; se le dio una corona, y salió como vencedor, para seguir venciendo.
3 Cuando el Cordero rompió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que gritaba: «¡Ven!»4 En eso salió otro caballo, de color rojo encendido. Al jinete se le entregó una gran espada; se le permitió quitar la paz de la tierra y hacer que sus habitantes se mataran unos a otros.
5 Cuando el Cordero rompió el tercer sello, oí al tercero de los seres vivientes, que gritaba: «¡Ven!» Miré, ¡y apareció un caballo negro! El jinete tenía una balanza en la mano.6 Y oí como una voz en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: «Un kilo de trigo, o tres kilos de cebada, por el salario de un día; pero no afectes el precio del aceite y del vino.»[a]
7 Cuando el Cordero rompió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que gritaba: «¡Ven!»8 Miré, ¡y apareció un caballo amarillento! El jinete se llamaba Muerte, y el Infierno[b] lo seguía de cerca. Y se les otorgó poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar por medio de la espada, el hambre, las epidemias y las fieras de la tierra.










9  Cuando el Cordero rompió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sufrido el martirio por causa de la palabra de Dios y por mantenerse fieles en su testimonio.10 Gritaban a gran voz: «¿Hasta cuándo, Soberano Señor, santo y veraz, seguirás sin juzgar a los habitantes de la tierra y sin vengar nuestra muerte?»11 Entonces cada uno de ellos recibió ropas blancas, y se les dijo que esperaran un poco más, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a sufrir el martirio como ellos.
12 Vi que el Cordero rompió el sexto sello, y se produjo un gran terremoto. El sol se oscureció como si se hubiera vestido de luto,[c] la luna entera se tornó roja como la sangre,13 y las estrellas del firmamento cayeron sobre la tierra, como caen los higos verdes de la higuera sacudida por el vendaval.14 El firmamento desapareció como cuando se enrolla un pergamino, y todas las montañas y las islas fueron removidas de su lugar.
15 Los reyes de la tierra, los magnates, los jefes militares, los ricos, los poderosos, y todos los demás, esclavos y libres, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de las montañas.16 Todos gritaban a las montañas y a las peñas: «¡Caigan sobre nosotros y escóndannos de la mirada del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero,17 porque ha llegado el gran día del castigo! ¿Quién podrá mantenerse en pie?»











Los 144.000 sellados
1 Después de esto vi a cuatro ángeles en los cuatro ángulos de la tierra. Estaban allí de pie, deteniendo los cuatro vientos para que éstos no se desataran sobre la tierra, el mar y los árboles.2 Vi también a otro ángel que venía del oriente con el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles a quienes se les había permitido hacer daño a la tierra y al mar:3 «¡No hagan daño ni a la tierra, ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente de los *siervos de nuestro Dios!»4 Y oí el número de los que fueron sellados: ciento cuarenta y cuatro mil de todas las tribus de Israel.
5 De la tribu de Judá fueron sellados doce mil; de la tribu de Rubén, doce mil; de la tribu de Gad, doce mil;6 de la tribu de Aser, doce mil; de la tribu de Neftalí, doce mil; de la tribu de Manasés, doce mil;7 de la tribu de Simeón, doce mil; de la tribu de Leví, doce mil; de la tribu de Isacar, doce mil;8 de la tribu de Zabulón, doce mil; de la tribu de José, doce mil; de la tribu de Benjamín, doce mil.




La gran multitud con túnicas blancas
9 Después de esto miré, y apareció una multitud tomada de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan grande que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con ramas de palma en la mano.10 Gritaban a gran voz:
«¡La salvación viene de nuestro Dios,
que está sentado en el trono,
y del Cordero!»
11 Todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono, de los *ancianos y de los cuatro seres vivientes. Se postraron rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios12 diciendo:
«¡Amén!
La alabanza, la gloria,
la sabiduría, la acción de gracias,
la honra, el poder y la fortaleza
son de nuestro Dios por los siglos de los siglos.
¡Amén!»
13 Entonces uno de los ancianos me preguntó: —Esos que están vestidos de blanco, ¿quiénes son, y de dónde vienen?
14 —Eso usted lo sabe, mi señor —respondí.
Él me dijo:
—Aquéllos son los que están saliendo de la gran tribulación;
han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero.
15 Por eso, están delante del trono de Dios,
y día y noche le sirven en su templo;
y el que está sentado en el trono
les dará refugio en su santuario.[a]
16 Ya no sufrirán hambre ni sed.
No los abatirá el sol ni ningún calor abrasador.
17 Porque el Cordero que está en el trono los pastoreará
y los guiará a fuentes de agua viva;
y Dios les enjugará toda lágrima de sus ojos.





El séptimo sello y el incensario de oro

1 Cuando el Cordero rompió el séptimo sello, hubo silencio en el cielo como por media hora.
2 Y vi a los siete ángeles que están de pie delante de Dios, a los cuales se les dieron siete trompetas.
3 Se acercó otro ángel y se puso de pie frente al altar. Tenía un incensario de oro, y se le entregó mucho incienso para ofrecerlo, junto con las oraciones de todo el *pueblo de Dios, sobre el altar de oro que está delante del trono.4 Y junto con esas oraciones, subió el humo del incienso desde la mano del ángel hasta la presencia de Dios.5 Luego el ángel tomó el incensario y lo llenó con brasas del altar, las cuales arrojó sobre la tierra; y se produjeron truenos, estruendos,[a] relámpagos y un terremoto.




Las trompetas
6 Los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.
7 Tocó el primero su trompeta, y fueron arrojados sobre la tierra granizo y fuego mezclados con sangre. Y se quemó la tercera parte de la tierra, la tercera parte de los árboles y toda la hierba verde.
8 Tocó el segundo ángel su trompeta, y fue arrojado al mar algo que parecía una enorme montaña envuelta en llamas. La tercera parte del mar se convirtió en sangre,9 y murió la tercera parte de las criaturas que viven en el mar; también fue destruida la tercera parte de los barcos.
10 Tocó el tercer ángel su trompeta, y una enorme estrella, que ardía como una antorcha, cayó desde el cielo sobre la tercera parte de los ríos y sobre los manantiales.11 La estrella se llama Amargura.[b] Y la tercera parte de las aguas se volvió amarga, y por causa de esas aguas murió mucha gente.
12 Tocó el cuarto ángel su trompeta, y fue asolada la tercera parte del sol, de la luna y de las estrellas, de modo que se oscureció la tercera parte de ellos. Así quedó sin luz la tercera parte del día y la tercera parte de la noche.
13 Seguí observando, y oí un águila que volaba en medio del cielo y gritaba fuertemente: «¡Ay! ¡Ay! ¡Ay de los habitantes de la tierra cuando suenen las tres trompetas que los últimos tres ángeles están a punto de tocar!»

1 Tocó el quinto ángel su trompeta, y vi que había caído del cielo a la tierra una estrella, a la cual se le entregó la llave del pozo del *abismo.2 Lo abrió, y del pozo subió una humareda, como la de un horno gigantesco; y la humareda oscureció el sol y el aire.3 De la humareda descendieron langostas sobre la tierra, y se les dio poder como el que tienen los escorpiones de la tierra.4 Se les ordenó que no dañaran la hierba de la tierra, ni ninguna planta ni ningún árbol, sino sólo a las personas que no llevaran en la frente el sello de Dios.5 No se les dio permiso para matarlas sino sólo para torturarlas durante cinco meses. Su tormento es como el producido por la picadura de un escorpión.6 En aquellos días la gente buscará la muerte, pero no la encontrará; desearán morir, pero la muerte huirá de ellos.
7 El aspecto de las langostas era como de caballos equipados para la guerra. Llevaban en la cabeza algo que parecía una corona de oro, y su cara se asemejaba a un rostro humano.8 Su crin parecía cabello de mujer, y sus dientes eran como de león.9 Llevaban coraza como de hierro, y el ruido de sus alas se escuchaba como el estruendo de carros de muchos caballos que se lanzan a la batalla.10 Tenían cola y aguijón como de escorpión; y en la cola tenían poder para torturar a la gente durante cinco meses.11 El rey que los dirigía era el ángel del abismo, que en hebreo se llama Abadón y en griego Apolión.[a]
12 El primer ¡ay! ya pasó, pero vienen todavía otros dos.
13 Tocó el sexto ángel su trompeta, y oí una voz que salía de entre los cuernos del altar de oro que está delante de Dios.14 A este ángel que tenía la trompeta, la voz le dijo: «Suelta a los cuatro ángeles que están atados a la orilla del gran río Éufrates.»15 Así que los cuatro ángeles que habían sido preparados precisamente para esa hora, y ese día, mes y año, quedaron sueltos para matar a la tercera parte de la *humanidad.16 Oí que el número de las tropas de caballería llegaba a doscientos millones.
17 Así vi en la visión a los caballos y a sus jinetes: Tenían coraza de color rojo encendido, azul violeta y amarillo como azufre. La cabeza de los caballos era como de león, y por la boca echaban fuego, humo y azufre.18 La tercera parte de la humanidad murió a causa de las tres plagas de fuego, humo y azufre que salían de la boca de los caballos.19 Es que el poder de los caballos radicaba en su boca y en su cola; pues sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas con las que hacían daño.
20 El resto de la humanidad, los que no murieron a causa de estas plagas, tampoco se *arrepintieron de sus malas acciones ni dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, plata, bronce, piedra y madera, los cuales no pueden ver ni oír ni caminar.21 Tampoco se arrepintieron de sus asesinatos ni de sus artes mágicas, inmoralidad sexual y robos.

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Baii


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Exposición Steampunk de Oxford

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El día 13 de octubre se abrió al público la Exposición Steampunk en el Museo de Historia de la Ciencia de Oxford. Lo mejor del arte steampunk contemporáneo puede verse en ella, e incluso parece que es posible adquirir un cd con 94 páginas de steampunk inédito, links al mejor steampunk en internet y ensayos de G.D Falksen, Jeff Vander Meer y Simone Gray.

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Bueno, pero ¿qué es el Steampunk? En resúmen, "una especie de retrofuturismo victoriano de tecnología basada en vapor", o más largo:
El steampunk es un subgénero de fantasía y ciencia ficción que denota trabajos ambientados en una época o mundo en donde la energía a partir del vapor es usada ampliamente (tomando como referente el siglo XIX y la Inglaterra victoriana) y existen inventos tecnológicos ficticios (como un cazador de ectoplasmas) o desarrollos tecnológicos reales ocurriendo en una fecha más temprana, es decir anacronicos (como un televisor o un computador). Asímismo, toma en cuenta el pensamiento e intereses propios de la época, es decir del siglo XIX y principios del XX (como la moda espiritista y demas creencias esotéricas, las fantasías explorativas en tierras salvajes, la expansion imperialista, etc.)

Frecuentemente se lo asocia con el cyberpunk y comparte bases similares en cuestión de fanáticos y la temática de rebelión, pero desarrollado como un movimiento separado (aunque cyberpunk y steampunk han tenido influencias considerables entre sí).

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Seguro que todos hemos visto películas en las que predomina la estética Steampunk: Wild Wild West, La Liga de los Hombres Extraordinarios, o Regreso al Futuro III, además de toda la saga Van Helsing, La Brújula Dorada, Rocketeer, La Ciudad de los Niños Perdidos, Sky Captain y el mundo del mañana (aunque este es mas bien una variante), incluso Hellboy, etc. La página de Wikipedia en español está bastante completa al respecto, pero si quieren saber más deben dirigirse a la Steampunkopedia, The Steampunk Forum, Brass Googles, o Steampunk SP, foro principal de steampunk en español ^^.



Saludos!

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-El increíble arte criptozoológicamente sobrenatural de Alex Cf


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El Puerto

Si bien mi intención es no repetir autores, creo que este cuento de Maupassant merece (a igual que "La cabellera") su lugar en este blog.

Hace ya mucho tiempo que lo leí, recuerdo que acostumbraba regalarlo a todos mis amigos "machistas", acompañándolo de la frase "Todas las mujeres son hermanas de alguien, no lo olvides", claro la frase no es totalmente precisa, pero el punto queda claro después de leer el texto.

Espero les guste. Para leerlo completo deben dar click en el título de la entrada.


El Puerto

I

Habiendo salido del Havre el 3 de mayo de 1882, para un viaje a los mares de China, el bergantín barca Nuestra Señora de los Vientos regresó al puerto de Marsella el 8 de agosto de 1886, tras cuatro años de viajes. Después de dejar su primer cargamento en el puerto chino al cual se dirigía, había encontrado al instante un nuevo flete para Buenos Aires, y, allí, había recogido mercancías para el Brasil.
Otras travesías, y también averías, reparaciones, calmas de varios meses, rachas de viento que desvían de la ruta, en suma, todos los accidentes, aventuras y desventuras de la mar, habían mantenido lejos de su patria a aquel bergantín normando que regresaba a Marsella con la bodega llena de cajas de hojalata que contenían conservas de América.

Al zarpar llevaba a bordo, amén del capitán y el segundo, catorce marineros, ocho normandos y seis bretones. Al regreso sólo quedaban cinco bretones y cuatro normandos; el bretón había muerto por el camino, los cuatro normandos desaparecieron en circunstancias diversas y fueron reemplazados por dos americanos, un negro y un noruego, reclutado, una noche, en una taberna de Singapur.

El gran barco, con las velas cargadas, las vergas en cruz sobre la arboladura, arrastrado por un remolcador marsellés que jadeaba delante de él, deslizándose sobre un resto de marejada que la calma sobrevenida dejaba morir suavemente, pasó por delante del castillo de If, y después bajo todas las rocas grises de la rada que el sol poniente cubría de un vaho de oro, y entró en el viejo puerto donde se agolpan, flanco contra flanco, a lo largo de los muelles, todos los navíos del mundo, en revoltillo, grandes y pequeños, de todas las formas y todos los aparejos, bañándose como una bullabesa de barcos en esa dársena demasiado estrecha, llena de agua pútrida donde los cascos se rozan, se frotan, parecen escabechados en un zumo de flota.

Nuestra Señora de los Vientos ocupó su puesto, entre un bricbarca italiano y una goleta inglesa que se apartaron para dejar pasar a su camarada; después, cuando todas las formalidades de la aduana y el puerto estuvieron cumplidas, el capitán autorizó a dos tercios de la tripulación a pasar la noche en tierra.

Había caído la noche. Marsella se iluminaba. En el calor de la tarde de verano, un olor de cocina con ajo flotaba sobre la ciudad bulliciosa, llena de voces, de circulación, de portazos, de alegría meridional.

En cuanto se vieron en el puerto, los diez hombres a quienes la mar mecía desde hacía meses echaron a andar muy despacito, con una vacilación de seres desorientados, desacostumbrados a las ciudades, de dos en dos, en procesión.

Se balanceaban, se orientaban, olfateando las callejas que desembocan en el puerto, inflamados por un apetito de amor que había crecido en sus cuerpos durante los últimos setenta días de mar. Los normandos marchaban a la cabeza, guiados por Célestin Duclos, un mocetón fuerte y listo que servía de capitán a los otros cada vez que saltaban a tierra. Adivinaba los buenos sitios, inventaba faenas muy suyas y no se aventuraba demasiado en las trifulcas, tan frecuentes entre marineros en los puertos. Pero cuando se veía metido en una, no temía a nadie.

Tras alguna vacilación entre todas las calles oscuras que bajan hacia el mar como cloacas y de las que salen pesados olores, a modo de aliento de tugurios, Célestin se decidió por una especie de tortuoso corredor donde brillaban, encima de las puertas, faroles que exhibían números enormes sobre sus vidrios esmerilados y coloreados. Bajo la estrecha bóveda de las entradas, mujeres con delantal, como criadas, sentadas en sillas de enea, se levantaban al verlos llegar, daban tres pasos hasta el arroyo que dividía la calle en dos y cortaban el paso a aquella fila de hombres que avanzaba lentamente, canturreando y bromeando, enardecidos ya por la vecindad de aquellas prisiones de prostitutas.

A veces, al fondo de un vestíbulo, aparecía, detrás de una segunda puerta abierta de pronto y acolchada de cuero pardo, una gruesa chica semidesnuda, cuyas pesadas caderas y abultadas pantorrillas se dibujaban bruscamente bajo un tosco calzón de algodón blanco. Su falda corta parecía un cinturón ahuecado, y la carne blanda de su pecho, de sus hombros y de sus brazos ponía una mancha rosa sobre un corpiño de terciopelo negro rematado por un galón de oro. Llamaba desde lejos: « ¿Entráis, hermosos? » y a veces salía para colgarse de uno de ellos y atraerlo hacia su puerta, con todas sus fuerzas, aferrada a él como una araña que arrastra un animal más grande que ella. El hombre, excitado por este contacto, resistía blandamente, y los otros se detenían a mirar, vacilantes entre las ganas de entrar en seguida y las de prolongar aún más el apetitoso paseo. Después, cuando la mujer, tras denodados esfuerzos, había atraído al marinero hasta el umbral de su morada, donde toda la pandilla iba a precipitarse detrás de él, Célestin Duclos, que entendía de casas, gritaba de pronto: « ¡No entres ahí, Marchand, no es ése el sitio! »

El hombre entonces, obediente a esta voz, se soltaba con una brutal sacudida y los amigos volvían a formar el grupo, perseguidos por los inmundos insultos de la exasperada moza, mientras otras mujeres, a lo largo de la calleja, delante de ellos, salían de sus puertas, atraídas por el ruido, y lanzaban con roncas voces llamadas cargadas de promesas. Caminaban, pues, cada vez más enardecidos, entre las zalamerías y las seducciones anunciadas por el coro de porteras del amor de la parte de arriba de la calle, y las maldiciones innobles lanzadas contra ellos por el coro de abajo, por el coro despreciado de las mozas decepcionadas. De vez en cuando se encontraban con otra pandilla, soldados que marchaban con golpeteo de hierro sobre la pierna, más marineros, burgueses aislados, empleados de comercio. Por doquier se abrían nuevas calles angostas, consteladas de turbios fanales. Seguían andando por aquel laberinto de tugurios, sobre adoquines grasientos entre los que rezumaban aguas pútridas, entre aquellos muros llenos de carne de mujer.

Por fin Duclos se decidió y, deteniéndose ante una casa de bastante buena apariencia, hizo entrar a toda su gente.
II

¡La fiesta fue completa! Durante cuatro horas, los marineros se atiborraron de amor y de vino. La paga de seis meses desapareció.
Se habían instalado como dueños y señores en la gran sala del café, mirando con ojos malévolos a los parroquianos habituales que se instalaban ante los veladores, en los rincones, donde una de las chicas que habían quedado libres, vestida de gordo bebé o de cantante de caféconcierto, corría a servirles, después se sentaba con ellos.

Cada hombre, al llegar, había elegido su compañera que conservó toda la velada, pues el vulgo no es mudable. Habían juntado tres mesas y, tras la primera ronda, la procesión desdoblada, aumentada en tantas mujeres como marinos había, se había vuelto a formar en la escalera. Sobre los peldaños de madera, los cuatro pies de cada pareja resonaron un buen rato, mientras se metía, por la estrecha puerta que llevaba a las habitaciones, el largo desfile de enamorados.

Después bajaron para beber, subieron de nuevo, volvieron a bajar otra vez.

Ahora, casi borrachos, vociferaban. Cada uno, con los ojos rojos, su preferida en las rodillas, cantaba o gritaba, daba puñetazos en la mesa, entonelaba vino en su garganta, dejaba en libertad a la bestia humana. En medio de ellos, Célestin Duclos, estrechando contra sí a una chica alta de mejillas rojas, a caballo sobre sus piernas, la miraba con ardor. Menos curda que los otros, y no porque hubiera bebido menos, tenía aún otros pensamientos y, más tierno, trataba de charlar. Las ideas se le escapaban un poco, se iban, regresaban y desaparecían sin que pudiera acordarse exactamente de lo que había querido decir.

Reía, repitiendo:

«Entonces, entonces... ¿hace mucho que estás aquí?
—Seis meses», respondió la chica.

Pareció encantado por ella, como si hubiera sido una prueba de buena conducta, y prosiguió:

«¿Te gusta esta vida?»

Ella vaciló, y después, resignada:

«Se acostumbra una. No es más fastidiosa que otra. Ser criada o buscona, siempre son oficios sucios.»

El pareció aprobar de nuevo esta verdad.

«No eres de aquí», dijo.

Ella dijo que no con la cabeza, sin responder.

«¿Eres de lejos?»

Ella dijo que sí de la misma manera.

«¿Y de dónde?»

Pareció buscar en sus recuerdos, refrescarlos, después murmuró:

«De Perpiñán.»

Quedó de nuevo muy satisfecho y dijo:

«¡Ah! ¿Sí?»

A su vez ella preguntó:

«Y tú, ¿eres marino?
—Sí, hermosa.
—¿Vienes de lejos?
— ¡Ah, sí! He visto países, puertos y de todo.
—¿Quizás has dado la vuelta al mundo?
—Ya lo creo, más bien dos veces que una».

De nuevo ella pareció vacilar, buscar en su cabeza una cosa olvidada, y después, con voz un poco diferente, más seria:

« ¿Has encontrado muchos navíos en tus viajes?
—Ya lo creo, hermosa.
—¿No habrás visto el Nuestra Señora de los Vientos, por casualidad?»
El se rió burlón:
«No más tarde de la semana pasada.»
Ella palideció, toda la sangre abandonó sus mejillas, y preguntó:
«¿De verdad, de verdad de la buena?
—De verdad, como ahora te estoy hablando.
—¿No me estarás mintiendo, al menos?
El levantó la mano.
« ¡Lo juro ante Dios!, dijo.
—Entonces, ¿sabes si Célestin Duclos sigue embarcado en él?»
Sorprendido, inquieto, quiso, antes de responder, saber más cosas.
«¿Lo conoces?»
A su vez ella desconfió.
« ¡Oh, yo no! ¡Hay una mujer que lo conoce!
—¿Una mujer de aquí?
—No, de al lado.
—¿En la misma calle?
—No, en otra.
—¿Qué mujer?
—Pues una mujer, una mujer como yo.
—¿Y qué es lo que le quiere, esa mujer?
—¡Y yo qué sé! ¿Qué pasa?»

Se miraron fijamente, para espiarse, sintiendo, adivinando que algo grave iba a surgir entre ellos.
El prosiguió:

«¿Puedo verla, a esa mujer?
—¿Y qué le dirías?
—Le diría... le diría... que he visto a Célestin Duclos.
—¿Estaba bien, al menos?
—Como tú y como yo, es un buen tipo».

Ella enmudeció de nuevo, ordenando sus ideas, y después, con lentitud:

« ¿Y a dónde iba el Nuestra Señora de los Vientos?
—Pues a Marsella, claro». No pudo reprimir un sobresalto. «¿De verdad de la buena?
—De verdad de la buena.
—¿Conoces a Duclos?
—Sí, lo conozco».

Vaciló otra vez, y después, muy despacito:

«Bueno. ¡Está bien!
 —¿Qué es lo que le quieres?
—Escucha, dile... ¡no, nada! »

El la seguía mirando, cada vez más molesto. Al final quiso saber.

«¿Y tú, tú lo conoces?
—No, dijo ella.
—Entonces, ¿qué le quieres? »

Ella tomó bruscamente una resolución, se levantó, corrió a la barra donde reinaba la patrona, cogió un limón que partió y cuyo zumo exprimió en un vaso, después llenó de agua pura el vaso y, trayéndolo:

« ¡Bébete eso!
—¿Para qué?
—Para que se te pase el vino. Te hablaré después».

El bebió dócilmente, se limpió los labios con el dorso de la mano, y luego anunció:

«Ya está, te escucho.
—Vas a prometerme que no le contarás que me has visto, ni por quien sabes lo que voy a decirte. Tienes que jurarlo.
—Lo juro.
—¿Por Dios?
—Por Dios.
—Pues bueno, dile que su padre ha muerto, que su madre ha muerto, que su hermano ha muerto, los tres en un mes, de fiebres tifoideas, en enero de 1883, hace ya tres años y medio».

A su vez, él sintió que toda la sangre se le helaba en el cuerpo, y se quedó durante unos instantes tan impresionado que no se le ocurrió nada que responder; después le entraron dudas y preguntó:

«¿Estás segura?
—Estoy segura.
—¿Quién te lo ha dicho?»
Ella le puso las manos en los hombros, y mirándolo desde lo más hondo de los ojos:
« ¿Me juras que no te irás de la lengua?
—Te lo juro.
—¡Soy su hermana! »
El soltó este nombre, a su pesar:
«¿Françoise? »
Ella lo contempló de nuevo fijamente, después, sublevada por un espanto loco, por un profundo horror, murmuró muy bajo, casi para sí:
« ¡Oh! ¡Oh! ¿Eres tú, Célestin?»

No se movieron, sin quitarse ojo.

A su alrededor, los camaradas seguían chillando. El ruido de los vasos, de los puñetazos, del taconeo que acompañaba las coplas y los gritos agudos de las mujeres se mezclaban con el jaleo de las canciones.

El la sentía sobre sí, enlazada a él, cálida y aterrada, ¡a su hermana!

Entonces, muy bajito, por miedo a que alguien lo escuchara, tan bajo que ella apenas lo oyó:
«¡Qué desgracia! ¡Menuda cochinada que hemos hecho! »
A ella, en un segundo, se le llenaron los ojos de lágrimas, y balbució:
—«¿Es mía la culpa?» Pero él, de pronto:
«Entonces, ¿han muerto?
—Han muerto.
—¿Padre, madre, y mi hermano?
—Los tres en un mes, como te dije. Me quedé sola, sin más que mis cuatro trapos, en vista de que debíamos la farmacia, el médico y el entierro de los tres difuntos, que pagué con los muebles.

«Entré entonces de sirvienta en casa del señor Cacheux, ya sabes, el cojo. Tenía quince años justos en ese momento porque cuando te marchaste aún no tenía catorce. Cometí una falta con él. ¡Una es tan tonta cuando es joven! Luego estuve de criada con el notario, que también me corrompió y me llevó al Havre, a una habitación. Pronto no volvió más; pasé tres días sin comer y luego, como no encontraba trabajo, entré en una casa, como otras muchas. ¡También yo he visto mundo! ¡Ah, y un mundo bien sucio! Ruán, Evreux, Lila, Burdeos, Perpiñán, Niza, y luego Marsella, ¡y aquí me tienes! ».

Las lágrimas le salían de los ojos y de la nariz, mojaban sus mejillas, le corrían hasta la boca.
Prosiguió:

« ¡Te creía muerto también, pobre Célestin! »
El dijo:
«No te habría reconocido, eras tan pequeña entonces, ¡y ahora estás tan grande! Pero ¿cómo no me reconociste tú?»

Ella tuvo un gesto desesperado.

«Veo tantos hombres que todos me parecen iguales». El seguía mirándola a lo hondo de los ojos, oprimido por una emoción confusa y tan intensa que le daban ganas de gritar como un crío al que pegan. La tenía aún entre sus brazos, a caballo sobre él, las manos abiertas en la espalda de la chica, y a fuerza de mirarla la reconoció por fin, a la hermanita dejada en el pueblo con todos aquellos a quienes había visto morir, ella, mientras él corría los mares.

Entonces, cogiendo de pronto entre sus gruesas manazas de marino aquella cabeza recobrada, se puso a besarla como se besa la carne fraterna. Después, unos sollozos de hombre, largos como olas, ascendieron por su garganta, semejantes a hipos de borrachera.
Balbucía:

«Aquí estás, aquí estás, Françoise, mi pequeña Françoise... »

Después se levantó de pronto, empezó a jurar con una voz formidable asestando tal puñetazo sobre la mesa que los vasos volcados se rompieron. Después dio tres pasos, se tambaleó, extendió los brazos, cayó de bruces. Y se revolcaba por el suelo gritando, golpeando el piso con sus cuatro miembros, y lanzando tales gemidos que parecían estertores de agonía.

Todos sus camaradas lo miraban riendo.

«Está un poco borracho, dijo uno.
—Hay que acostarlo, dijo otro, si sale lo van a meter en chirona».

Entonces, como llevaba dinero en los bolsillos, la patrona ofreció una cama, y sus camaradas, tan curdas también que no se tenían en pie, lo subieron por la estrecha escalera hasta el cuarto de la mujer que lo había recibido hacía un momento, y que se quedó en una silla, a los pies del tálamo criminal, llorando tanto como él, hasta la mañana.


Baii.


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Rubber Jhonny

Rubber Johnny es el título de un cortometraje realizado por el video-artista inglés Chris Cunningham, en mayo de 2005. Había comenzado como proyecto de video musical para el tema "Afx247 v7" del álbum Drukqs de Aphex Twin, pero evolucionó a un cortometraje, no obstante conservó como banda sonora una remezcla de ese tema musical. El propio director hizo el papel de protagonista. Una de las principales intenciones de Cunningham en este vídeo era llevar la sincronización a su límite extremo, así como experimentar con la vertiginosidad de la imagen pero sin sacrificar el sentido. El filme, realizado enteramente con cámara infrarroja, ha sido comercializado en formato DVD por Warp Films, viene acompañado por un folleto de 40 páginas de dibujos y fotografías, constituyendo la primera publicación del artista en este terreno.

Johnny es un niño deforme (aparentemene padece hidrocefalia) y mutante que vive encerrado en un sótano. Con la única ayuda de su imaginación febril y su perro chihuahua, encuentra la manera de divertirse en la oscuridad.

Duración: 6 minutos



Salu2
El Oso iBol


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¿Qué clase de bicho es Gregorio Samsa?

Una interpretación de Vladimir Nabokov sobre "La metamorfosis" de Franz Kafka.


¿Qué clase de bicho es Gregorio Samsa?

Anotaciones de Vladimir Nabokov sobre un ejemplar de La Metamorfosis.

“Al despertar una mañana tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”. Estas primeras palabras del relato de Franz Kafka han dado pie durante años a todo tipo de elucubraciones. ¿A qué clase de insecto se refiere el autor de La Metamorfosis? Una de las interpretaciones más extendidas apunta a que Gregorio Samsa se transforma en una cucaracha. Sin embargo, un análisis más detenido nos indica que estamos ante otro tipo de criatura.

Lo que veis sobre estas líneas son las anotaciones del escritor ruso Vladimir Nabokov sobre un ejemplar del relato para demostrar que Gregorio Samsa se transforma en realidad en un escarabajo (ver página completa). Con su habitual destreza literaria, y como experto entomólogo, Nabokov analizó las pistas dadas por Kafka para sacar sus conclusiones sobre la forma y tamaño del insecto.

“Muchas personas dicen que una cucaracha, lo cual por supuesto no tiene sentido” argumentaba en su famosa lección sobre La Metamorfosis. “Una cucaracha es un insecto de forma plana y con largas piernas, y Gregorio es cualquier cosa menos plano: es convexo en ambos lados, vientre y espalda, y sus piernas son pequeñas. Se parece a una cucaracha en un solo aspecto: su color es marrón. Esto es todo”.


Para Nabokov existen otras pruebas evidentes para pensar en un escarabajo: las “fuertes mandíbulas” de Gregorio, el “enorme vientre convexo dividido en segmentos” o su “espalda dura y redonda” son algunos ejemplos. A la vez, el escritor ruso hace algunas anotaciones sobre las características físicas de la criatura. En un momento del relato Kafka apunta que Gregorio cierra los ojos, algo que para el escritor ruso es una licencia para humanizarlo: “Un escarabajo regular no tiene párpados y no puede cerrar sus ojos”, anota en el margen de la página, “un escarabajo con ojos humanos”.

En una carta enviada el 25 de octubre de 1925, Franz Kafka discute con su editor sobre la forma en que se debe ilustrar al “insecto” en la primera edición. “El insecto en sí mismo no debe ser dibujado”, asegura. “Ni siquiera se le debe ver desde lejos”.

Tal y como indican algunas fuentes, parece evidente que Kafka elige intencionadamente las palabras para no dejar claro qué clase de insecto es Gregorio Samsa, pero Nabokov ahonda en la cuestión como mero ejercicio literario. Y lo hace hasta tal punto, que llega a una segunda e inquietante conclusión: bajo la “espalda dura y redonda” de Gregorio, como en la de casi todos los escarabajos, explica, se esconde a buen seguro un juego de “pequeñas alas” cuya existencia el protagonista desconoce.

“Curiosamente”, anota Nabokov, “Gregorio el escarabajo nunca se da cuenta de que tiene alas bajo la dura cobertura de su espalda”. Es decir, que el protagonista del relato más angustioso de la literatura universal es en realidad una criatura que puede volar y escapar del lugar sin saberlo. Como tantos de nosotros.


Tomado de: http://fogonazos.blogspot.com/2009/09/que-clase-de-bicho-es-gregorio-samsa.html

Enlaces:
-Vladimir Nabokov's Lecture on "The Metamorphosis" (fragmento en español)
-Vía: Tywkiwdbi. También lo vi luego en Cynical-C y Boing Boing.
-Te puede interesar: El juego de Kafka (Guía para Perplejos)


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